Un joven holandés, residente en la ciudad de IJsselstein, quiso que su novia recordara su petición de mano durante toda la vida y a fe que lo logró, porque el muchacho por poco no lo cuenta y casi destruye la casa del vecino.
Una grúa de cuarenta metros, un vuelo por encima de las viviendas colindantes y un beso de tornillo con la amada después de ser depositado suavemente en el jardín. En la práctica: todo acabó como el rosario de la aurora. Las leyes de la física jugaron una mala pasada al gruista y la máquina no pudo resistir tanta inclinación.
“La grúa que quería usar se cayó sobre una casa. Desgraciadamente, cuando se intentó levantarla, se desplomó en el inmueble de nuevo“, manifestó Jelle Mulder, el portavoz de los servicios de emergencia en un medio local.
“La gente de la vivienda quedó conmocionada y con un susto que les va a costar olvidar“, añadió Mulder. Menos mal que el hombre logró saltar cuando estaba más cerca del suelo y nadie más resultó herido.
A pesar de todo, el cuento de hadas tuvo un final feliz. La novia aceptó la propuesta de matrimonio y la pareja se va a ir de vacaciones a París. Después llegará la aseguradora con las rebajas y cobrará la minuta por las reparaciones del tejado.
Vía 20minutos.es
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