Por Geovanny Orjuela


La noche era como el día, porque cuando cerraba los ojos, en la profundidad de la penumbra, renacían los rayos de sol imaginarios que recreaban paisajes, personas, calles y esquinas en un escenario de interminables sueños.



#Yopensabaque la mentira era verdad, porque no conocía la maldad.

Yo pensaba que la luna era de queso, porque era la versión de las caricaturas que animaban la imaginación infantil.


Yo pensaba que el amor existía, porque así lo hacían creer los poetas.

Yo pensaba que la esperanza era infinita porque la veía en tu mirada.


Yo pensaba que la honestidad no había muerto hasta que conocí la política.

Yo pensaba que era libre, hasta que percibí en el ambiente ese aire espeso, propio de las tardes cargadas de ruido y confusión, donde la rutina inunda los espacios de la espontaneidad y los reduce a un simple suspiro.




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