En los últimos días hemos escuchado o leído la palabra Botín en infinidad de medios a causa del fallecimiento del presidente del Banco de Santander, Emilio Botín, y la sucesión en el cargo que ha quedado en manos de su hija Ana Patricia.


Pero el botín del que hoy quiero hablarles no se trata de un apellido, ni tan siquiera del tipo de calzado (bota) que solo cubre hasta el tobillo, sino del término con el que se conoce a aquellas ganancias obtenidas a través de un robo, atraco, estafa o extorsión y que es repartido entre los criminales que los cometen.

Estamos habituados a escuchar el término sobre todo en películas de forajidos o piratas, pero en realidad el origen de la palabra botín no proviene del pillaje o la delincuencia, sino del mundo militar.

Se conocía como botín a aquel conjunto de armas, enseres o provisiones que pertenecían a un ejército vencido tras una batalla y que posteriormente era repartido entre los soldados del bando ganador. Era mucho más que unas simples ganancias, ya que en realidad se consideraba el repartirse esas pertenencias como un trofeo de guerra (botín de guerra).

El origen etimológico de la palabra lo encontramos en el germánico ‘bytin’ cuyo significado era ‘presa’, de ahí pasó a las diferentes lenguas, llegando al castellano a través del provenzal (lengua medieval que se hablaba en el sur de Francia).

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