En México, tres caballeros protagonizaron una noche de farra antológica acompañados por el cadáver de un amigo. Sí, una vez más, la realidad supera la ficción.

Los cuatro hombres se agarraron una cogorza importante y, cuando su fiesta tocaba a su fin, fueron requeridos por varios policías locales. El conductor se bajó apresuradamente del coche e intentó sobornar a los agentes “para que los dejara ir”. Su más que sospechosa actitud hizo que los policías pensaran que había gato encerrado y ordenaron a los ocupantes del vehículo que se apearan del mismo para ser cacheados. Tres de ellos, salieron de inmediato, pero el cuarto ni se inmutó. Uno de los policías pensó que el hombre estaría durmiendo la mona, pero no. Resulta que, al contrario de lo que dice la canción, no estaba de parranda, sino muerto.

Acto seguido, los tres amigos del difunto fueron detenidos y llevados a comisaría, donde aseguraron que llevaban un día y medio de juerga y que creían que su colega había fallecido al mezclar el alcohol con pastillas. Eufóricos y embriagados hasta las trancas, decidieron continuar de jarana, que ya darían parte de la defunción cuando se les acabaran el dinero y las cervezas. 

Los policías pudieron comprobar que los fiesteros y el muerto no llevaban drogas ni armas, por lo que los que siguen con vida fueron puestos en libertad y el cadáver fue trasladado al servicio forense para que le realicen la autopsia que determine las causas de su fallecimiento. Lo que aún no ha quedado claro es si trasladaban al cuerpo sin vida del amigo de bar en bar, para que se despidiera a lo grande de este mundo.

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