Fuente: elpais.com
SALVADOR CAMARENA

A México se le están acabando los "nunca antes...". Nunca antes había estallado en el país un coche bomba hasta que Ciudad Juárez vivió la explosión de uno; nunca antes se había lanzado una granada contra población indefensa hasta que las esquirlas enlutaron a Morelia; nunca habían matado a un candidato a gobernador que estaba a punto de ganar hasta que hace un año ocurrió en Tamaulipas; nunca habían asesinado a tantos alcaldes hasta que eso se volvió cosa de cada mes (ayer mataron a golpes a uno más), y nunca antes hasta hoy un partido de futbol de la primera liga se había suspendido porque el sonido de disparos hizo que jugadores y aficionados buscaran refugio.

Al minuto 40 del primer tiempo, el Morelia armaba una jugada para tratar de llegar a la portería de los locales, los Santos de Torreón (ciudad ubicada en Coahuila, al norte del país). Quienes seguían el juego a través del televisor vieron y escucharon enseguida algo inédito: tras un silbatazo del árbitro, detonaciones. Los jugadores se echan al suelo; la mayoría corre como atletas en una pista de cien metros planos a guarecerse. La gente en las tribunas se apelotona en las gradas. La tarde suena a tiros. Las cámaras de la televisión recogen el desconcierto de los aficionados agachados. Cuatro minutos más tarde, cuando las armas callan, la gente decide invadir la cancha. El juego quedaba suspendido de manera definitiva.

El parte policial es tan seco como inútil: se escucharon tiros en la carretera que une a Torreón con San Pedro. Un policía resultó herido. Pero que las autoridades no informen, no aparezcan, no tranquilicen, eso a los torreonenses no les asombra en lo absoluto. Torreón es una ciudad vecina a Gómez Palacio, población que pertenece a otro Estado: Durango. En Torreón domina el grupo criminal de Los Zetas. En Gómez Palacio, el Cartel de Sinaloa. Un río divide esas poblaciones que un día sí y otro también atestiguan desde hace años los ataques de los criminales de uno y otro bando, que incursionan en territorio enemigo para matar rivales. Las autoridades prácticamente no existen.

Nunca los narcotraficantes habían secuestrado cuatro periodistas. Hasta que en Gómez Palacio ocurrió hace poco más de un año. Nunca habíamos visto que de una cárcel salieran reclusos a cometer asesinatos y regresaran a ponerse a salvo tras las rejas, hasta que supimos que del reclusorio de Gómez Palacio salían criminales a matar a las calles de Torreón. Nunca se había transmitido un tiroteo en vivo y a todo el territorio nacional, hasta que desde el estadio Corona en Torreón, todos vimos y escuchamos cómo los tiros de los criminales ganaban la partida. El juego quedó para mejor ocasión.

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